También pensaba que todo lo que decía y pensaba era lo correcto y, puesto que creía tener siempre la razón, no escuchaba a nadie que deseara llevarle la contraria y, si osaban hacerlo, les mostraba su lado más gélido para responder con la mayor de las indiferencias y el más intenso desagrado. Para colmo, se jactaba en todo momento de haber tenido una inmensa suerte en el mundo empresarial ya que, a pesar de provenir de un diminuto pueblo en mitad de ningún sitio, una carrera universitaria y unas circunstancias a todas luces coyunturales e inexplicables le llevaron a subir en los negocios hasta convertirse en el pez gordo de una gran multinacional. Claro que, todo eso, lo consiguió a base de descuidar a su familia porque entre viajes, trabajo y su forma de ser, cuando quiso darse cuenta ya estaba separado y sus hijos cada uno por su lado, abandonados tanto por el padre como por la madre.
Pero eso no importaba. Seguía pensando que se encontraba por encima del bien y del mal y, desde su supuesta atalaya, su vida seguía centrada en ganar e invertir dinero y en pasar momentos de relax con sus acompañantes eventuales, mientras seguía desinteresándose por completo de sus hijos, puesto que ese tipo de contactos familiares le suponía una carga emocional y un tiempo que no estaba dispuesto a perder. Su desprecio hacia todo lo relacionado con la familia era tal que ni incluso sus dos únicos nietos le interesaban más allá de unos pocos minutos cada varios años y, eso sí, sin mostrar efusividad alguna en dichos breves encuentros. Pero aunque a él le pareció imposible – y, de hecho, temía ese momento-, la gran racha de diversión y despreocupación llegó a su fin. Al principio fue la cadera; al poco tiempo, el corazón y, a los pocos meses, le sobrevino un cáncer de colon.
Su más reciente compañera – que, como todas las anteriores, apenas se había encargado de exprimir el limón financiero y de obstruir aún más las relaciones con sus hijos – decide irse de vacaciones justo antes de la última operación y le deja en la jaula dorada de una habitación de hospital privado. Por su parte, los hijos - desperdigados, abandonados y excluidos casi por completo de su vida social y afectiva-, se debaten moralmente entre preocuparse de la figura paterna que nunca han tenido o soportar una vez más la falta de cariño y la actitud despreciativa de una persona que sigue creyéndose el centro del mundo y que – una vez más – renuncia a querer y ser querido.
Y ahí queda todo, en la estampa triste y ridícula de una persona sola, como final patético de una existencia centrada en el mayor de los egoísmos como imagen del rechazo a todas y cada una de las personas que, en estos momentos, deberían apoyarle y darle el afecto que siempre ha repudiado pero que, inevitablemente, cualquier persona normal necesita cuando la salud nos falla.
Esta historia tiene varias moralejas. La primera es que, tarde o temprano, la Naturaleza nos enseña que somos frágiles y vulnerables. El cuerpo humano a veces nos manda avisos y, otras, nos muestra de repente la dureza de su imprevisibilidad. Y no se trata de vivir a tope hasta que el destino decida mostrarnos la realidad, sino que deberíamos pensar más allá de uno mismo y del presente porque, después de todo, lo realmente preocupante es el futuro, lo desconocido y las vicisitudes que nos quedan por pasar. La segunda moraleja es la más interesante y es la que nos dice que hay que sembrar para recoger. Resulta triste recoger indiferencia y desinterés después de haber sembrado rechazo y abandono a lo largo de toda una vida.
Pero también hay una lectura positiva de esta historia, y no es otra que aprender de esta lección de vida, apreciar cada momento de la familia, cuidar a tus hijos porque es una obligación que contraemos como padres, estar contentos de verles prosperar y hacerles saber que estarás siempre junto a ellos cuando lo necesiten porque, al fin y al cabo, el presente es muy interesante, pero lo que más importa es el futuro. 

(Nota: dedicado a mi suegro, una persona gélida como el hielo, tremendamente egoísta, que ha abandonado a su familia durante toda su vida y que se encuentra por tercera vez en un año solo en un hospital, recogiendo los frutos de una existencia en donde pensaba que el mundo empezaba y acababa en su propia persona y en donde su familia ha tenido un valor totalmente nulo).
Me has dejado muerta! ya veo que en otras tierras tb cuecen habas, dale un abrazo enorme a C.
ResponderSuprimirPues qué triste Miguel, si cuento nuestro percal por parte de cuñados sería una peli de ciencia ficción, imposible de entender si no se ve.
Asco de lazos de sangre cuando no hay lo que se tiene que tener.
Besosssssss
Hola Miguel:
ResponderSuprimirPensé, mientras lo leía que te referías a otra persona, que también contaste algo parecido en el otro blog. Las dos historias son mu similares, ¿no?. Lo siento mucho.
Para mi la familia, es y ha sido siempre lo mas importante de mi vida y por lo que siempre hemos luchado. Así que solo no estoy de acuerdo contigo en una cosa y es que se recoge lo que se siembra.
Esa frase que se oye muchas veces me parece muy inusta. Muchas veces siembras bien, pero tienes la mala suerte de que una tormenta imprevista se lleva toda la cosecha y lo pierdes todo. Otras veces es que esa semilla ha caido en tierra no fertil y también se pierde.
Concluyendo, que no siempre en la vida las cosas depende de la siembra. Muchas veces entran en tu vida una tercera persona que, con perdón, "lo caga todo".
Yo también tengo mi historia para no dormir, y si la de Sol es de ciencia ficción, la mía no se como llamarla porque creo que la superaría.
Bueno y cambiando de tema. ¿Como está mi querido profesor?. ¿Como van esos resultados?.
Un abrazo para ti y para tu C.
Ojalá vosotros tengais suerte con vuestra siembra.
Pensé que la historia era ficción, o al menos que no te afectaba personalmente pero veo que sí te afecta; en fin, que la realidad supera la ficción y que por mucho que algunos se empeñen en hablar de lo que unen los lazos de sangre, mi experiencia me demuestra que esos lazos si bien pueden unir, en ocasiones, no sólo no unen si no que separan.
ResponderSuprimirUn beso
Gracias por vuestros comentarios.
ResponderSuprimir@Sol - Pues sí... por eso en cuanto nos conocimos C. y yo surgió el flechazo. Igual nos unía una historia de rechazo y conectamos inmediatamente. Lo de los "lazos de sangre" me dan lo mismo. Está clarísimo que las serpientes, las mordeduras y el veneno no entienden de consaguineidad. Te lo aseguro.
@Chus- Totalmente de acuerdo que (cruzo los dedos) te puede salir la cosa mal y que, por muchos cariños que le des, el hijo puede acabr siendo lo peor del planeta. En nuestro caso hablamos de padres que - voluntariamente - rechazan y hacen la vida imposible a sus hijos. Del ODIO de los progenitores hacia los hijos y de cómo te marca todo eso. Y del peso moral que te crea cuando tu padre (que te ha exprimido, pateado y rechazado y lo sigue haciendo) cae enfermo y tú - consciente de que es tu padre - sientes una mezcla de pena y desprecio por ver hasta dónde ha llegado todo (por su culpa porque, apunto, tú has crecido SIENDO odiado)
@Nuria - Ojalá fuera todo ficción... Ojalá ...
Es que es tremendo Miguel cuando un hijo no se ha sentido querido por sus padres y hermanos, C, lo ha sufrido de manera cruel en sus carnes, ya dice que no le afecta, pero yo sé que sí.
ResponderSuprimirAunque creo que es casi más tremendo (hablo como madre) querer a tus hijos hasta morir y sentir su ausencia y la falta de cariño.
Vendrán tiempos mejores, estoy segura.
Abrazoss amigos!
Hola!Al principio creí que se trataba de una moraleja, sin más, que no pertenecia a tu circulo cercano, pero si que lo es, el padre de la madre de tus hijos...
ResponderSuprimirFíjate que hasta me dá pena.
Miguel, he hablado personalmente contigo en varias ocasiones y he de decir que tienes mucha gracia y humor, pero luego en tus entradas tan tremendas, no reconozco al escritor con el interlocutor.
Eres un hombre muy fuerte, quizás por esas vivencias tan duras.
Te mando un abrazo muy tierno, querido amigo.
Federica, llega a ti gracias a Sol, y me quedo. Pensaba como Nuria, que era una historia ficcionada, pero no es la cruel y dura realidad. Por desgracia hay mucha gente así, mucha mas de la que debería haber. Yo no creo en la sangre ni en nada de eso, mi idea de la familia es un poco hippie, y yo en lo que creo es en los lazos del cariño, y del amor, los de sangre para las trasfusiones y donaciones, nada mas.
ResponderSuprimirVerdaderamente de lo que se siembra se recoge, eso es una verdad verdadera y cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da, lo dice Drexler en una canción y es verdad verdadera.
Me gusta lo que explicas y como lo explicas. Un abrazo y qué suerte conocer a Sol, para haberte encontrado.
Veeeeeenga! mañanaa todo va ir bien! al Drácula cuando le véas le pones la cancioncita que me has puesto a mí (tronchante:-))) comer, comeeeeer...y éste deja de chupar sangre hasta octubre.
ResponderSuprimirBesoss para tu C, me la imagino rubia y con melena...jejeje