Pero, por desgracia, ese es también el espacio físico al que nosotros, seres enfermos, vamos a parar sin siquiera desearlo. De hecho, fue precisamente en uno de estos servicios en donde comenzó mi historia personal con el cáncer (y estoy seguro que la de muchos de los que estamos metidos en esta lucha), por lo que tengo una relación de aprecio y temor a este departamento hospitalario.
El caso es que, por razones siempre apremiantes, me he visto obligado a visitar últimamente varias veces las Urgencias de mi zona y he sufrido en mis propias carnes las horas de espera, las salas abarrotadas de gente y el caos tremendo que allí se vive, algo que siempre me hace pensar en la deshumanización de la sociedad actual y, si lo comparo con la clínica veterinaria que tengo al lado de casa, me hace tener envidia de los animales de compañía que veo allí a diario. Y aquí es cuando me da por pensar que cuando tratamos mejor a los perros y a los gatos que a nuestros semejantes algo malo está pasando en nuestro entorno.
El caso es que ayer, cuando estaba en el autobús camino de la Facultad y en medio de un monumental atasco en la A6, empecé a sufrir un dolor repentino e intensísimo en un costado, llegando de inmediato a los límites del aguante. Me puse de pie para ver si se me pasaba, pero las punzadas no disminuían. Pensaba que iba a perder el conocimiento de un momento a otro debido a la intensidad extrema de lo que me ocurría. Como no podía bajarme en mitad de la autopista sólo pensaba en llegar a Moncloa cuanto antes. Por fin salgo de esa lata de sardinas que se había convertido en una auténtica pesadilla y llamo a mi mujer para decirle de forma entrecortada – el dolor me impedía hablar – lo que me estaba pasando y que me dirigía a Urgencias del Clínico de inmediato.
Voy a la parada de taxis tambaleándome de dolor y le pido al taxista que me lleve rápidamente al Hospital. El chico me pone mala cara (era una carrera relativamente corta y eso no le hizo gracia) y, ajeno a mis alaridos en la parte de atrás, se dedica a dar frenazos, a pararse cada dos por tres y decide respetar escrupulosamente todas las señales. Yo le pido por favor que se salte los semáforos, que estoy a punto de desvanecerme y el chaval me dice que no quiere que le multen.
Llegamos al Hospital y, cuando me dispongo a pagarle y a un paso de perder la conciencia, me doy cuenta de que sólo tengo dos euros y cincuenta céntimos en el monedero, cuando el paseo/tortura que había disfrutado ascendía a cuatro euros. Le pido que me escriba en un papel su móvil y su nombre, para ponerme en contacto con él para abonarle el resto y – además – recompensarle por el favor realizado, pero esta propuesta desesperada parece no gustarle nada por lo que, después de bloquearme la salida del taxi, se pone a proferir exabruptos dentro del vehículo, mientras yo no aguanto más y estoy a punto de vomitar del dolor insufrible. No puedo ni creerme la escena que estoy presenciando. Ese pedazo de cafre se niega a darme información alguna sobre su persona (¿tendría algo que esconder?) y me chilla porque lleva a una persona a Urgencias rota de dolor y a la que le falta un euro y medio en una situación extrema. Al final, acepta de mala manera los dos euros y medio y me abre la puerta sin dejar de soltar burradas. Alucinante.Por fin llego a Urgencias. No puedo caminar y mi cabeza no soporta más un dolor que no cesa. Se me caen los libros, la cartera y el abrigo, pero nadie me ayuda. Es más, tengo que guardar cola en Admisiones mientras doy chillos de sufrimiento porque nadie me deja pasar. Doy mi tarjeta sanitaria a una administrativa bastante desagradable y me indica de forma brusca que me dirija a una sala de espera abarrotada de gente y que espere a que me llamen, a donde entro prácticamente arrastrándome. Con gran dificultad, me dirijo a una enfermera y le SUPLICO que necesito atención inmediata pero, incluso dentro del Hospital, me ignora diciendo que ella no es de ese servicio, pasando de largo y dejándome literalmente tirado. No puedo ni creerlo. Intento sentarme y pierdo el conocimiento, y vuelvo a recuperarlo en medio de un dolor que superaba ya lo que una persona puede soportar. Mi mujer está de camino y me llama al teléfono, pero yo no puedo ni contestar. Me dirijo a durísimas penas a una de las consultas para que me suministren un calmante lo antes posible pero, de nuevo, me ordenan que espere mi turno, aunque era evidente que yo era el que peor estaba de todos los que allí se encontraban. De nuevo, me veo sumido en una situación que supera la crueldad extrema y nadie parece hacerse cargo de mí, mientras seguía llorando de dolor y medio inconsciente.
Entro como puedo en una de las consultas – oyendo de fondo las quejas de una sanitaria trabajadora del Centro que estaba con su hermano en condiciones bastante más óptimas que las mías- y les pido que me atiendan, porque no puedo más. Por fin se apiadan de mí y me trasladan a otro lugar, donde me ponen una vía y me inyectan un potente calmante en vena.
Las drogas empiezan a hacer efecto y el dolor disminuye considerablemente. Llega mi esposa y, a partir de ahí, unas radiografías, las analíticas de rigor y seis horas de espera en un espacio repleto de gente - y más que venía a medida que anochecía. A las siete de la tarde ya no cabía un alma y no paraban de entrar enfermos de todo tipo. En medio del caos hablamos con una simpática pareja de Chamberí de unos sesenta y muchos años. Él con Alzheimer, diabetes y con una reciente trombopenia (bajada repentina de plaquetas). La esposa nos contaba con los ojos llorosos y llenos de impotencia que el viernes estuvieron once horas en Urgencias, y el domingo más de diez – salieron de ese infame lugar a las siete de la mañana de ese mismo día y a las seis de la tarde estaban de nuevo allí por un problema con los niveles de azúcar del marido. No hay derecho que se pueda tratar a una persona así. Ahí querría ver a nuestros políticos que tanto cacarean en los medios y alardean de la estupenda sanidad madrileña y que se colocan muy ufanos ante las cámaras de sus cadenas de televisión inaugurando hospitales y abriendo todo tipo de centros, y pensé especialmente en Esperanza Aguirre, que ojalá hubiera estado en mi lugar viendo a esa pareja llorando desconsoladamente mientras eran tratados de forma inhumana.
Esta es la sociedad que tenemos y que no nos merecemos. Imagino que sólo hace falta que alguien tome cartas en el asunto y dé un vuelco a muchas de las injusticias que nos rodean y que debemos denunciar. Es intolerable que los ciudadanos y contribuyentes tengamos que sufrir este tipo de servicios. Y que conste que entre los que padecen este descontrol incluyo a muchos trabajadores sanitarios, quienes se encuentran desbordados y sumidos en un mar de recortes presupuestarios y de limitaciones de todo tipo mientras otros gestores se dedican a despilfarrar esos euros que deberían ser mejor invertidos en los pilares básicos de una sociedad avanzada: la educación, la sanidad, la investigación.
Qué vergüenza me da todo lo que padecí y vi ayer y cuánto me hace perder la fe en una sociedad española cada vez más insolidaria, más deshumanizada y más individualista. Y, sobre todo, qué pena me da ver hasta qué punto de bajeza moral hemos llegado.Nota: después de esa larguísima espera, me llega el diagnóstico – piedras en el riñón. Lo que faltaba.
Uffff! pobre! que mal lo pasarías con lo que duele!!un amigo lo padeció hace poco y nos decía que fue terrible.
ResponderSuprimirCuanto siento lo que nos cuentas, que mala sombra Miguel y que malaje el taxista viendo a una persona en tus circunstancias que se portara así, es incréible.
Espero que estés mejor y más tranquilo, ahora me explico el día de "San Valentín" que pasaste para no olvidarlo caramba!!.
Cuídate!
Hola Miguel: Lo siento, un colíco nefrítico, con lo que duele!!!!.
ResponderSuprimirMenos mal que es eso doloroso y sin mas importancia, aunque me imagino que ahora tendrás que echar las piedras, y tendrán que analizar que es lo que te las produce.
Respecto al comentario general de tu post, yo creo que no es problema de Esperanza Aguirre ni de la madre que la parió, es un problema, como dijo Pérez Reverte, de que vivimos en un país enfermo, no tienes mas que poner la tele y salvo alguna película de la 1 y los documentales de las 2, todo lo demás es m...... pura. Y encima alcanzando la máxima audiencia. No me digas que no es un país enfermo!!!!.
Dices que no nos merecemos esto, si, Miguel, tenemos lo que nos merecemos, hemos votado a lo peorcito de cada casa y esos son los que nos gobiernan. Y ojo!!! que los otros no son mejores, eh!!!!.
Por cierto pensé que estarías de baja por tu enfermedad. Así que sigues yendo a clase?. ¿Es la complutense tu universidad?, no si todavía hasta me vas a poder hacer un favor.
Besitos. Chus y mejorate cielo.
Hola, acabo de descubrir tu blog y la verdad es que me gusta mucho como escribes, he leido un poco por encima los post donde cuentas que te pasa.
ResponderSuprimirEn cuanto a lo del riñón, a mi hermana le paso estas navidades pero en dos horas estaba en casa, y nada más entrar al centro de salud la atendieron la primera en cuanto vieron la cara de dolor que llevaba, ventajas de vivir en una ciudad pequeña, Pamplona para más datos.
Espero que te recuperes, seguire visitando tu blog.
bssssssssssssssssssssssssss
SOL - Lo del taxista tiene delito. Lo de la enfermera que me ignoró tiene delito. Lo de esta sociedad tiene delito.
ResponderSuprimirCHUS - La culpa del estado de las cosas la tiene mucha gente de diferente tendencia. Unos por hacer y otros por consentir. TODOS. Y, mira por dónde, Esperanza se acaba de unir a nuestro grupo. Le deseo lo mejor en este rollo que nos hace ver la vulnerabilidad del ser humano. Estoy seguro que saldrá fortalecida moralmente de esto, y espero que todo le vaya bien y que vea nuestro lado de la película aunque, dado su estátus, no tendrá que aguantar las semanas de espera angustiosa, los meses entre revisión, las dudas no resueltas, la dificultad de acceder al personal sanitario, la falta de apoyo psicológiclo y una larga serie de horrores que todos los que tenemos cáncer y utilizamos el servicio de sanidad pública tenemos que padecer. Pero bueno, algo verá y espero que le sirva, además de para curarse, para ver una esquinita del laaaaaaaargo empedrado que el común de los mortales tenemos que recorrer.
Arantxau - Bienvenida y gracias por tus palabras. Esperamos seguir viendote en éste y en otros blogs amigos.
http://www.elpais.com/articulo/espana/Esperanza/Aguirre/anuncia/tiene/cancer/mama/elpepuesp/20110221elpepunac_4/Tes
ResponderSuprimirEspero que este acontecimiento haga mella en la ceguera de esta señora que, como todos ya sabemos, asiste a las reuniones del club bielderberg. Aunque sabiendo de la calaña que está ésta gente hecha, me extraña que nada cambie para mejorar la situacion del pueblo.
Un abrazo.
Federica: Con lo critico que tu eres, en el buen sentido, como se te ha pasado por alto un detalle importante de la Sra. Aguirre?. La Sra. Aguiire tiene un cáncer in situ, ¿sabes lo que es eso?, resumiendo que de cáncer solo tiene la palabra. Un cáncer in situ es un cáncer encapsulado que no produce metástasis ni que se filtra, por lo que se lo quitarán a los dos días en casa y no necesitará quimioterapia ni nada. Por lo que me parece muy frívolo por su parte utilizar la palabra cáncer, al igual que hizo la Lolita que a los 15 días de "operarla de un cáncer in situ de útero" y hacerse los platos de todas las televisiones contando que tenía cáncer, estaba de nuevo subida en un escenario.
ResponderSuprimirLa Aguirre, en marzo reaparecerá en el trabajo, de super woman, y diciendo que hoy en día el cáncer no es nada y que se cura, etc...etc... y los que nos tiramos años padeciendo los efectos de operaciones y quimios y demás, hay que ver que blanditos somos. Como me dijo cierta persona, cuyo nombre no quiero acordarme, "tu, es que explotas la enfermedad, tu ya no estas enferma", cuando no había pasado ni 3 meses de la segunda quimio.
Por eso cuando el otro día vi en la tele a la Aguirre haciéndose la mártir, te prometo que me puso de una leche que paque.
Un abrazo
Miguel yo voy al clinico por mi epilepsia y aquello es un caos todo el hospital.
ResponderSuprimirPero veras como la señora Aguirre no ha tenido que esperar ni una hora.
Te dire que las piedras en el riñon son como un parto para las mujeres, te lo dice una persona que ha pasado las dos cosas y no me quiero ni acordar, espero que ya estes bien un abrazo
Todo biennn! hasta septiembreeee
ResponderSuprimirMuackkkkkkkkkkkk
Hola!! Vaya entrada!! ni en una película pueden pasarte más cosas en un mismo día!!
ResponderSuprimirPobrecito!! Ay!! me da pena que te haya pasado todo eso, y pertenecer a la sanidad, menos mal que no todo el mundo es igual, pero parece que te tocaron a tí todos los amargados, desde el taxista, hasta la enfermera que se quedó tan ancha diciendote que no era de ese servivcio...Alucinante!
Y ahora piedras en el riñón, chico, espero que cuando leas esto ya estés bien del todo.
Muchos besos