sábado 28 de agosto de 2010

VERANO

Tengo que empezar afirmando que odio el verano. La aversión a esta época del año se remonta a mi infancia, cuando unos padres déspotas, crueles y llenos de odio se encargaron de encerrarme semana tras semana y mes tras mes en un campo a 40º grados, alejado de todo y de todos, sin nada que hacer y totalmente sometido a su poder para hacer que lo pasara realmente mal. Desde ese momento, verano y aburrimiento se convirtieron en conceptos equivalentes. Mientras que los demás niños estaban deseando disfrutar de unas maravillosas vacaciones estivales yo las temía con pasión, porque era consciente de lo que me esperaba.
Reconozco que tantos años de tortura física y emotiva me han dejado una lacra de la que no puedo desprenderme y, cuando llegan los calores, mi mente se traslada a esos tiempos de horror que tanto daño forjaron en mi alma y que aún dejan su huella en mi subconsciente en forma de horribles pesadillas y – es posible – también de una serie de desórdenes de tipo auto inmune. Hace tiempo, un profesional de la medicina me comentó que hay estudios que indican una vinculación entre cierto tipo de enfermedades y nuestra capacidad para querernos a nosotros mismos o, lo que es lo mismo, que existe una correlación entre la aparición de nuestros males y las situaciones de estrés emocional que nos hayan podido afectar a lo largo de nuestra vida. Si estudiaran mi caso, pensarían que han acertado de pleno con dicha hipótesis.

El caso es que llega el verano y me bloqueo por completo. Reconozco que soy incapaz de hacer planes y de encontrar un rinconcito ideal en una playa paradisíaca en donde pasar unas semanas de paz y tranquilidad a la orilla del mar, con los niños chapoteando mientras me tomo una bebida fresquita a la sombra de un buen toldo sin preocuparme de nada ni de nadie. Y no será que no lo he intentado, pero siempre acabo en un hotel en donde no soporto el calor más de media hora y, al día siguiente, me estoy preguntando qué me ha traído ahí, con lo bien que estaba en casita. Soy incapaz de relajarme en un lugar artificial rodeado de gente extraña mientras observo la destrucción de nuestras costas y, para colmo, en donde he tenido el privilegio de pagar casi siempre una cantidad desorbitada de dinero para pasarlo verdaderamente mal.

Por eso, desde hace unos años, decidimos (literalmente) tirar la toalla y pasar algunas semanas de verano en nuestra querida Inglaterra, en pequeños pueblos de la campiña verde británica con sus casas de té, sus largos paseos por preciosas rutas, sus ríos con patos y con todos esos elementos que nos devuelven a un entorno alejado de la rutina madrileña que tanto nos axfisia últimamente.

Este verano ha sido especialmente complicado, porque es el primero que paso con cáncer y, aunque tengo unos meses de tregua hasta septiembre, aún no he aprendido a quitarme de la cabeza que mi cuerpo no funciona bien y cualquier cosa extraña que me pasa me altera muchísimo. No puedo evitarlo. De hecho, este verano he tenido que ir al Hospital un par de veces. En una ocasión, un sangrado rectal me produjo un ataque de ansiedad y, después de ocho horas en Urgencias, me detectaron una simple fisura - después de una experiencia realmente desagradable, en donde enfermos de todo tipo nos hacinamos como cerdos en una granja en unas salas absolutamente abarrotadas, en donde uno vomitaba, otro se orinaba, otro se mareaba y otros muchos aguantaban como podían en camillas, en unas condiciones que me hacían envidiar a los animales que acuden a las clínicas veterinarias. De vergüenza.

Otro día, comencé a ver las cosas a corta distancia algo distorsionadas y, de nuevo, tuve que acudir a mi querido servicio de Urgencias del Puerta de Hierro en donde, después de varias horas de espera, me citaron para hacerme una especie de escáner ocular en donde observaron una lesión en la mácula del ojo derecho – la responsable de la llamada “visión fina” . Como aún tengo una vista muy buena, lo dejan así hasta que la cosa empeore con el tiempo (¡!) para, entonces, ser tratado con láser con el fin de intentar eliminar esa especie de membrana que mi maltrecho organismo ha generado – de nuevo – por razones desconocidas. Estoy llegando a convencerme de la teoría que antes comenté y, al final, va a ser cierto que hay una serie de factores medioambientales detrás de todo lo que me está ocurriendo, porque no es posible la mala racha que llevo últimamente.

Si a esto le unimos algunos problemas comunitarios de vecindario– tengo clarísimo que la vida en comunidad en este rincón del Noroeste de Madrid egoísta e individualista es una imposibilidad – y el calor agobiante que hemos pasado, tenemos como resultado un verano que estoy deseando ver acabado, para dar paso a un Otoño refrescante, mientras me espera un presente lleno de incertidumbres y en donde me gustaría dar por finalizada una etapa de nuestra vida y poner en marcha unos proyectos llenos de cambios para mejorar la calidad de vida de nuestra familia. Son muchos los planes que hemos creado en nuestras cabezas y que pensamos llevar a cabo en breve. El tiempo es oro y hay que aprovecharlo.

Ahora sólo queda que lleguen los días fresquitos y las lluvias, para limpiar este ambiente tan extraño que nos rodea y ver todo con más claridad.

Adiós, verano, adiós...

9 comentarios:

  1. Soy Nuria y te conocí por los comentarios que dejas en el blog de SOL.
    Yo también odio el verano, sin llegar a la situación extrema que te tocó vivir en tu infancia para mí verano evoca neuras y discusiones, procuro olvidarlo pero forma parte de mi pasado y todo lo que vivimos deja en nosotros una marca e inevitablemente cada vez que llega el verano, especialmente el mes de agosto, vienen a mi mente recuerdos desagradables, no muy lejos en el tiempo, por otra parte.
    Además también odio el calor, no lo soporto, así que siempre que pasamos de 27º no me queda más remedio que pasar mis tardes refugiada en casa.
    Ahora que ya estamos a finales del mes de agosto empiezo a respirar tranquila, deseo con ganas que se termine de una vez esta estación y que vuelvan las lluvias.
    Espero que este otoño todos vuestros planes pasen a ser una realidad.
    Septiembre y octubre son para mí los dos meses mejores del año.
    Un beso

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  2. Federica, porqué no intentas arreglar tus problemas de infancia? no creas que son una tonteria...
    Esa hipótesis cobra mucha verdad, a lo mejor si sanas las adversiones del pasado, se sane tu alma a la par que tu cuerpo, yo estoy en ello, conociendo todo de mí, aceptando quien soy, quien he sido y quien seré, que eso está por llegar...
    Me he convertido en mi mejor amiga, antes era muy cruel y crítica conmigo misma, ya no...
    Me he perdonado y eso ha hecho que me encuentre agustísimo con mi mejor amiga... YO....

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  3. No se actualizan tus nuevas entradas en mi escritorio por eso no te he escrito antes.
    Estarás contento, hoy llueve y truena en nuestras zonas...
    Sabeis que no me gustan los nubarrones, ni tampoco el sol achicharrante pero disfruto mucho en nuestras escapadas veraniegas en nuestro pequeño reducto de paz cerca del mar, y sí me da pena que se vaya el verano, para que engañaros, además cuando hablais de otoño, me pasa un escalofrío tremendo pensando en la próxima revisión de C, tengo taaanto miedo a que ese ganglio con metástasis haya hecho de las suyas...
    Tu entrada delata que estás jodido con el mundo y con tu entorno, te tira la campiña inglesa más que una cabra el monte:-) nosotros (C y yo) hemos dado varias veces giros de tuerca de 180º y no nos ha ido mal. Espero de corazón que vuestros proyectos de futuro a parte de salud traigan esa tranquilidad que intuyo necesitas.
    Dificil superar todo lo que nos cuentas de tu infancia, ¡cuanto siento lo que has pasado amigo!

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  4. Pues sí ... como dice Sol, estoy jodido con el entorno y con el mundo ... A veces la VIDA no te trata como debiera o como a ti que gustaría y hay que ir pemnsando en cambiar ciertas cosas ... y en esas estamos.

    Y también tiene razón Angela cuando dice que debería intentar solucionar mi problema con el pasado. Siempre he sido consciente del tema y, aunque lo intento, sigue ahí haciendo de las suyas ... ¿Has visto la peli Solas? Creo que me puede ocurrir algo parecido... cuando entierre el pasado (literalmente) puede que muchos de mis fantasmas desaparezcan ...

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  5. Estoy casi convencida de que el pasado se puede sanar, perdonando, al que nos hizo daño y a nosotros mismos, lo que pasa que es difícil hacerlo uno mismo...
    Pero poder, se puede.
    Un beso

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  6. Mueve el boli y haznos una entradilla :-)
    MUACKKKKK

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  7. Hola,
    Soy nueva en esto de escribir en un blog.
    Te escribo porque mi hermana tuvo un cáncer y se recuperó. Su actitud siempre fue muy positiva y me consta que la tuya también lo está siendo.
    Con respecto a aquello que dices de la hipótesis de aquél doctor creo que seguramente tenga razón. Todo lo que te ocurría tenía que salir por algún lado, tu cuerpo es muy listo y te avisa, pero por esa misma razón creo que muchos de esos males que has sufrido o sufres se pueden mejorar con actitud positiva, sabiendo de donde vienen y tú eso ya lo sabes, ahora hay que aprender a canalizarlo. Je, je, te lo dice una a la que le salen excemas en las axilas en verano, a la que le acaban de decir que ese problema es endógeno y a la que se emparonoyó con que los niños en el cole este verano le podían haber pegado piojos y terminó con otro excema en la cabeza, casualmente cuando ya se acababa mi periodo allí con ellos.
    Ahora de vuelta a Madrid todo parece normalizarse pero la palabra clave ha sido endógeno porque yo siempre le echaba las culpas a algo externo, a algo que me diera alergía pero no, no es algo externo sobre lo que no tengo control, es algo dentro de mí y sobre eso si puedo tener control o al menos intentarlo.

    Mucho ánimo, sigue luchando y aprendamos juntos a canalizar.

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  8. Miguel, echo de menos tus letras, bueno, a medias, menos mal que tenemos ese punto de reunión en el blog de Sol.
    Un besito guapetón

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