Todos los días llevo a los niños a su nuevo colegio, un centro local a cinco minutos de casa al que me vi prácticamente obligado a trasladarlos desde que me detectaron los tumores y mi vida cambió (de nuevo) una vez más. Por las mañanas me cruzo con una madre que acompaña sus niños al mismo centro. Siempre lleva una gorra o un sombrero en la cabeza. No se le ve el pelo, el rostro lo tiene como artificialmente hinchado y su cara rezuma tristeza y preocupación. Algo me dice que está en tratamiento oncológico, porque uno conoce en su propia carne los efectos de las duras medicinas y de los esteroides. Nunca nos hemos dicho nada más que un educado “hola” cuando nos vemos, pero hay una especie de química del dolor que hace que desee preguntarle cómo está y darle los ánimos que necesita y que nunca son pocos. Por desgracia, vivimos en una sociedad tan deshumanizada que tendemos a minimizar el contacto personal cada vez más, y la cosa queda en ese saludo breve, en un cruce de miradas y en mis mejores pensamientos ocultos para desearle que todo vaya bien.
Historia 2Hace unos meses leí una entrevista con el Alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, que ha pasado por un cáncer de próstata y que nunca ha querido ocultar lo más mínimo su enfermedad. Como cualquier otra persona que haya pasado por esta aventura, ha tenido que operarse y someterse a los tratamientos correspondientes y, cuando ha salido de dichos trances, ha seguido ejerciendo su cargo. Me encantó leer un fragmento de la entrevista en el que defendía la salida del armario de los enfermos oncológicos y la necesidad de dar la cara para ser tratados como nos merecemos y no como seres que generan compasión. Ni corto ni perezoso, le envié un mensaje para decirle que estaba totalmente de acuerdo con ese punto de vista, porque la verdad es que resulta increíble que - después de todo lo que pasamos - tengamos que luchar por romper las barreras que se nos presentan para reincorporarnos a una sociedad que se espanta con tan sólo mencionar la palabra "CÁNCER", cuando lo que más necesitamos es normalizar nuestras vidas.

Historia 3
Ayer fui a ver a mi médico de cabecera a pedirle unas recetas de las drogas que necesito para estabilizar mi maltrecho organismo. No es que yo le cuente mis aventuras con todo detalle, pero él parece estar al corriente, gracias a la tecnología que le permite acceder a mi amplio historial de Puerta de Hierro. Es más, diría que está realmente interesado en mi evolución y tiene un afán especial en preguntarme por mi estado de ánimo. Yo le dije que me encontraba bien, y él siempre se sorprende con mi respuesta; ayer incluso llegó a decirme que me admiraba por lo bien que llevaba mis vaivenes sanitarios. No supe si tomarme eso como un cumplido, pero la verdad es que tampoco lo veo tan admirable. Imagino que habrá pacientes que caen en una depresión constante, y esa es precisamente la gente a la que me gustaría ayudar, para hacerles ver que hay siempre luz al final de un túnel. Salí de la consulta con mis recetas en la mano y realmente confuso por lo que había escuchado.

Historia 4
Hace unas semanas me levanté temprano por la mañana y, como siempre suelo hacer, consulté las noticias en la prensa digital. En primera página de “El Mundo” apareció un reportaje de una persona que había fotografiado los últimos instantes de la vida de su padre, enfermo terminal de cáncer. Ni que decir tiene que dichas instantáneas me impactaron y no pude dejar de pensar en todos los que estamos pasando por ello (incluyendo los familiares) y el efecto espantoso que esas imágenes podrían tener sobre cualquier persona que tenga una relación directa con esta enfermedad. Escribí una nota a la persona encargada de Salud de esta publicación para explicarle que, aunque me parece bien que desde el punto de vista artístico o personal se quisiera reflejar la muerte, esas fotografías no hacen sino hundir a cualquier enfermo oncológico y que sería mucho más positivo reflejar la lucha de los que intentamos salir de ello, en vez de hacer más hincapié en la falsa igualdad cáncer = muerte, por el simple hecho de aumentar el tráfico de visitantes a una página web con un artículo más o menos sensacionalista. La responsable me envió una respuesta muy acertada e incluso me invitó a participar en su diario para dar mi (nuestro) punto de vista en este terreno.
Estas son algunas de las historias aparentemente dispersas sobre el cáncer que me gustaría destacar de las últimas semanas, para dejar constancia que todos seguís en mis pensamientos: desde aquellos que habéis recibido buenos resultados a los que aún siguen luchando o los que hayáis podido iniciar este peregrinaje, porque vuestras historias son también las nuestras.Va por vosotros.
Hola Miguel:
ResponderSuprimirTe imagino ya preparando las vacaciones.
Te deseo que disfrutes de estos días de asueto y lo pases muy bien con C y con tus niños.
Buen verano, Good vacances. Bon été.
Un abrazo
Hola Miguel, cuando a mi me detectaron el cancer me vio una sicologa, y lo primero que me dijo no ocultes que tienes cancer por que cuando dices la palabra es como si la sacaras del cuerpo hazme caso y asi lo hice y la verdad que me silvio de mucho durante estos cinco años.
ResponderSuprimirDisfruta de las vacaciones y escribe mas amenudo que me gusta como escrbes, yo aprendo mucho.
Un abrazo.
Que bien lo escribes y que historias reales e interesantes cuentas.
ResponderSuprimirTu médico quiso decirte un piropo, ese trasiego de pruebas "bizarras" como tú las llamas tiene mucho mérito sobrellevarlas estoicamente, hasta te atreves a decir: !el TAC es de mis favoritas! menudo maratón llevas..., ojalá que pronto se normalice todo y puedas respirar tranquilo.
Como suena eso de salir del armario oncológico:-)a este paso tendremos un día del orgullo tb, te veo en la carroza de la cabecera dirigiendo el cotarro(!)
Sabes que te lo digo con cariño... es que cuando me sacan fuera de casa me descoloco mucho :-)
MUACKKK "C"